La Enfermedad No Está En Las Sábanas

2014/09/17

De los 406,827 estudiantes de educación pública, cerca de 159,000 pertenecen a educación especial. Entre los niños de hasta 5 años, Puerto Rico tiene un 27% de menores en educación especial mientras en Estados Unidos son el 13%. Por cada niño con necesidades especiales en Estados Unidos, en Puerto Rico hay dos.

Estos son los datos que deberíamos estar examinando para ver por qué tenemos tantos niños en educación especial en el País. Los millones que venimos invirtiendo por años, no han resuelto el problema. Las quejas son las mismas, con otras caras, otros nombres. El País necesita un cambio de paradigma, otra visión que nos permita atacar el problema desde la raíz. Ese principio es la niñez temprana de hasta 5 años.

Expertos como el Premio Nobel de Economía, James Heckman, han demostrado que es posible reducir hasta un 50% la necesidad de educación especial si se atienden las deficiencias en el desarrollo y se le dan los estímulos necesarios a los niños antes de los cinco años. Si no se atienden antes de llegar al sistema escolar, ya llegan a la escuela con rezagos.

Mientras más tardamos en intervenir con las necesidades y deficiencias en aprendizaje y desarrollo de nuestros niños, más costosa es la remediación en terapias, maestros, asistentes T1, entre otras alternativas.

Se ha demostrado que la inversión en programas dirigidos a menores de hasta cinco años tiene un retorno de inversión significativamente más alto que cuando se invierte más tarde en la escuela. Por cada dólar invertido en la niñez temprana, se recuperan de $4 a $9 por niño, según los estudios de Heckman.

Tenemos que revertir las prioridades e invertir en esos primeros años del desarrollo de un niño. Eso es lo que la evidencia nos demuestra que funciona pero no es lo que hacemos como país. Hay que coordinar esfuerzos de Familia, Salud que son los que atienden a la población de hasta 5 años. Cuando llegan a Educación o a “kínder”, ya es muy tarde.

Si bien es cierto que miles de estudiantes de educación especial necesitan atención y servicios de acuerdo a su condición, hay otros que pueden reevaluarse para asegurarnos que están diagnosticados correctamente. Necesitamos un sistema de revisiones efectivo para monitorear y rastrear el progreso de estos estudiantes.

Hay que ponerle el cascabel al gato ya y hacer el cambio.

Columna Publicada en El Nuevo Día.

Categorias: Del Escritorio de la Honorable Luisa Gándara
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